Editorial Agua, Hoy y Mañana – Noviembre 2014

Cuando las ciudades se enfrentan a problemas de escasez o estrés hídrico, recurren en muchos casos a medidas como: campañas de cultura de agua, que invitan a los clientes a reducir el consumo; fijar esquemas tarifarios incrementales para cobran más a quien más consume; o realizar inversiones importantes para encontrar nuevas fuentes de agua. ¿Pero qué pasa, cuando estas ciudades están rodeadas por extensiones agrícolas, cuyos productores no tienen incentivos para reducir sus grandes consumos de agua? Hoy en día, la agricultura representa cerca del 76% del volumen concesionado y es sin embargo, el usuario que menos incentivos tiene para reducir su consumo. La nueva Ley General de Aguas que se discutirá próximamente, es una gran oportunidad para adecuar los esquemas tarifarios de todos los sectores y buscar modelos que favorezcan el uso sustentable del agua en todos los usos. Si se mantiene estatus quo, final el agua más barata, nos cobrará la factura más cara.

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