Editorial Agua, Hoy y Mañana – Agosto 2015

Sabemos que los recursos disponibles en materia de agua en México están agotándose por circunstancias como la contaminación de ríos y lagos, la extracción excesiva de aguas subterráneas y los períodos de sequía prolongados en algunas regiones del país.
Además, la tasa de crecimiento poblacional se mantiene en el 1.21% y debido a cambios sociales y ambientales, hay una considerable migración a las áreas metropolitanas, saturando zonas que no alcanzan a satisfacer la oferta de servicios básicos. Esta combinación podría resultar en un reto a nivel nacional.
En casos extremos, las fuentes alternativas de abastecimiento como la construcción de túneles o presas y la habilitación de plantas de desalación podrían funcionar, pero resulta imprescindible ejercer acciones que ataquen el origen del problema.
El combate a las fugas de agua, a la construcción de pozos y extracción de agua de los mismos de manera ilícita y a las pipas que venden agua a precios más altos que las cuotas establecidas, aprovechando la escasez en las regiones, son las tareas prioritarias a ejecutar. Todo esto se resume en una mejora a conciencia de la eficiencia física de los organismos operadores.
Si se puede abatir ese 61.8% del agua que se desperdicia a nivel nacional e incrementar el servicio medido y los horarios de servicio, no sería necesario aumentar el abastecimiento y el presupuesto podría dedicarse a monitorear constantemente la calidad del agua en términos de presión, requisitos químicos y bacteriológicos y finalmente en un mejor servicio a la población, lo que permitiría mejorar la eficiencia comercial.
¿No es más fácil pedir a un ciudadano que pague su servicio cuando es seguro y constante lo que recibe?

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